Lumen Artis y Cine Caminante tienen el agrado de invitar al comienzo de una nueva edición del ciclo Encuentros con el Séptimo Arte: un domingo al mes, cine clásico en pantalla grande.
Presentar hoy El nacimiento de una nación (1915), dirigida por D. W. Griffith, exige una contextualización rigurosa y una toma de posición clara, siendo una obra fundacional del lenguaje cinematográfico clásico.
Estrenada en los albores del film narrativo, consolidó procedimientos formales que marcarían el desarrollo del cine industrial: el montaje paralelo a gran escala, la articulación dramática del primer plano, la planificación en continuidad espacial, las masas coreografiadas y la combinación de melodrama familiar e historia nacional. Su ambición narrativa y su escala de producción redefinieron lo que el cine podía ser dentro de la industria cultural emergente.
Sin embargo —y esto es central— la película es también una pieza abiertamente racista y un instrumento de propaganda. Adaptada de la novela The Clansman de Thomas Dixon Jr., el film presenta una visión distorsionada de la Guerra de Secesión y de la Reconstrucción en Estados Unidos. Construye una mitología heroica en torno al Ku Klux Klan y despliega una representación muy estigmatizante de los afroamericanos, consolidando imaginarios que tendrían consecuencias sociales concretas, incluida la reactivación del Klan.
Por lo tanto, proyectarla no implica celebración ni legitimación de su contenido ideológico. Se trata de un ejercicio crítico: observar cómo una obra puede ser simultáneamente innovadora en lo formal y problemática —incluso dañina— en el plano ético y político. Ver El nacimiento de una nación implica preguntarnos hoy cómo opera la identificación emocional, cómo el montaje construye legitimidad y cómo el cine puede naturalizar discursos excluyentes a través de recursos sofisticados.
Invitamos entonces a ver la película con distancia crítica, atendiendo tanto a sus aportes técnicos como a su violencia simbólica, sin separar forma y contenido, analizando cómo se entrelazan. ¿Puede una obra ser “fundamental” y al mismo tiempo éticamente inaceptable? Esa es la conversación que proponemos.









